Reseña Los Ahogados 🎥

Esta es una película de thriller y crítica social del director ecuatoriano Juan Sebastián Jácome.

La película comienza narrándonos un suceso que marcará el destino de una familia, una de sus asistentes domésticas es encontrada muerta en la piscina, desde ese punto comenzaran los sucesos que van desembocando en un mar de inquietudes, inseguridades y desconfianza.

El silencio es inmenso, abarca todo lo que existe y es más antiguo que la vida misma. Existen silencios que dicen tanto y otros que callan con un cinismo demoledor, Los Ahogados es la muestra del manejo de un silencio social, moral y personal ante un suceso trágico que pasa ser ignorado como muchos en los que vivimos en este país, es la representación fílmica de lo que se conoce coloquialmente: fingir demencia, comprar el muerto, chantar la culpa, ser sabido y más frases similares que no hacen más que ejemplificar los fallos morales de la sociedad.

La película se construye con pocas localizaciones, pocos personajes y diálogos intensos, el sonido es agobiante, está como un eco sordo, un ruido que incapacita o busca generar una migraña de culpabilidad, es un fantasma sensorial que sostiene la tensión junto a las actuaciones.

Todos los actores aunque pocos son excelentes, cumplen su rol con alta credibilidad y nos brindan diálogos como gestos corporales que argumentan lo que está ocurriendo, dándole un valor casi de true crime.

La historia aunque es de ficción, nos muestra una realidad que es continua y no cambia, una llaga en la sociedad donde el dinero y las apariencias conquistan, es irónico como nos hacen saber que la protagonista, la madre es una escritora que está por lanzar un libro que hable de la crítica social y se ve inmersa en un hecho que prefiere obviar, revelando también que los que critican sucesos suelen ser abusadores ante que salvadores, disfrazándose de justicieros sociales, cuando a su espalda ocurren horrores que obvian para conciliar el sueño o evitar sufrir.

Sin más que decir les recomiendo muchísimo la película, aprovéchenla ahora que está en cines, su ritmo no es malo y se pasa volando, mientras vamos descubriendo las pistas alrededor del thriller que nos incita una reflexión.


Preguntas sobre Los Ahogados

 

 

¿Cuál fue el detonante que originó la idea de Los Ahogados?

 

El origen de Los Ahogados proviene de dos momentos distintos que, con el tiempo, se unieron. El primero fue el desarrollo del personaje de Marcela (que hicimos junto a mi co-guionista V. Mares): una mujer que vive en permanente estado de paranoia, con miedo a lo que ocurre fuera de su casa y a posibles amenazas a su seguridad.

 

El segundo surgió cuando Mares encontró una noticia, ocurrida en otro país latinoamericano, no en Ecuador, sobre una trabajadora doméstica que había muerto en la piscina de la casa donde trabajaba. El hecho era sospechoso, con indicios de que no se trataba de un accidente. Seguimos de cerca el caso, pero un día simplemente dejó de aparecer en los medios y nunca se supo el desenlace.

 

Esa desaparición de la verdad generó conversaciones entre Mares y yo sobre temas como la impunidad, la división de clases y las dinámicas de poder en sociedades andinas tan polarizadas. Con el tiempo, esas reflexiones se entrelazaron con el mundo interior de Marcela y dieron forma a un thriller que, sin dejar de ser un relato de suspenso, tiene una dimensión social.

 

 

¿Qué significa el título para usted, y cómo refleja el tono o mensaje de la película?

 

El título Los Ahogados habla tanto al hecho que desata la historia como al estado de los personajes: atrapados en miedos, silencios y tensiones que los asfixian. Resume el tono de la película, donde el suspenso nace tanto del misterio externo como de las cosas que cada uno calla.

 

 

¿Cómo fue el proceso de construir ese pequeño mundo que vemos en el film?

 

La construcción del mundo de la película empezó desde el guion y se fue armando poco a poco, siempre guiándonos por los personajes y la trama. Es un proceso que pide paciencia: escuchar lo que la historia necesita y darle tiempo para madurar antes de cerrar las bases estéticas.

 

En Los Ahogados, la historia exigía un tono de suspenso y misterio. El universo de Marcela, con su sofisticación, llevó a una puesta en escena elegante y contenida, con una paleta de colores precisa.

 

El hecho violento que desencadena la trama nos llevó a una película muy nocturna, donde la oscuridad funciona como extensión del miedo y la incertidumbre.

 

El agua se convirtió en un elemento central. La idea de lo líquido, lo que ahoga o desborda, hizo que generemos lluvia constante y dio paso a un trabajo sonoro lleno de matices acuáticas. Esa humedad impregna la atmósfera y hasta los silencios, reforzando la sensación de amenaza.

 

La casa de Marcela también fue clave. Tenía que ser realista, pero al mismo tiempo transmitir la tensión entre protección y encierro: un refugio que a la vez se convierte en cárcel psicológica.

 

La película pedía una sonoridad misteriosa e incómoda. Diseñamos un sonido muy ligado a la música, casi sin división entre uno y otro. Jugamos con frecuencias que incomodan y con la experimentación de sonidos extraños para sostener esa sensación de tensión constante. Como anécdota, en un punto del proceso de diseño sonoro, tanto el músico como el diseñador de sonido y yo experimentamos sensaciones de vértigo por algunos días, los cuáles desaparecieron al terminar de trabajar en la película.

 

 

¿Qué elementos personales, sueños o memorias se colaron en el guion durante la escritura?

 

La protagonista es dramaturga, una profesión muy cercana a la mía. En la película, la ficción siempre se cuela en la realidad, de la misma forma como, de maneras más sutiles, sucede en nuestro oficio: usamos lo que vivimos, lo que vemos y sentimos, para transmitirlo a través de nuestro trabajo.

 

Además, la película me llegó en el momento en el que me convertí en padre, lo cual le dio una dimensión mucho mayor a la relación de los personajes con su hija y a la importancia de la chica en la película.

 

 

¿Qué referencias cinematográficas, literarias o artísticas influyeron en la película?

 

David Lynch, Michael Haneke, Alfred Hitchcock.

 

 

¿Cómo trabajó con su equipo para lograr la estética y el sonido que tiene la película?

 

Mares fue mi co-escritor en Los Ahogados y también participó como co-director. Desde el inicio, la película se pensó de manera muy colaborativa, y era muy importante estar de acuerdo en cada decisión técnica y artística. Con la incorporación de nuevos miembros, esa dinámica simplemente se amplió. Lo esencial fue elegir bien al equipo, desde actores hasta artistas y técnicos. Una vez armado el equipo, la prioridad fue empapar a todos del lenguaje y del mundo que queríamos retratar. Para eso, la etapa de desarrollo y preproducción fue súper importante. Con una preparación rigurosa, al llegar al rodaje o a la post-producción, ya todos estábamos trabajando dentro del mismo universo. Y es ahí donde conviene soltar y dar espacio a cada miembro del equipo para que proponga y se apropie de la película a su manera. Ese cruce de miradas es lo que hace que las ideas crezcan y se potencien.

 

 

¿Qué desafíos enfrentó al dirigir las escenas de tensión?

 

Los actores llegaron muy preparados al rodaje, con muchos ensayos detrás, y nunca fue, para mí, un reto en particular ayudarlos a entrar en ese estado mental.

 

El verdadero desafío estuvo en cómo construir la tensión desde la puesta en escena. Cada decisión (dónde poner la cámara, cuánto revelar y cuánto ocultar) definía si la escena mantenía la tensión o se desinflaba.

 

Tanto Mares como nuestro director de fotografía Simón Brauer tienen una gran facilidad para generar imágenes sugestivas y al mismo tiempo bellas; ellos fueron claves para lograr transmitir visualmente el mundo interior de Marcela. Además, la dirección de arte de Belén Draghi y la iluminación del Rambo Pazmiño fueron muy importantes para facilitar ese ambiente constante de tensión.

 

Otro desafío fue el ritmo. La tensión se sostiene en el tiempo, y había que encontrar cuánto apresurar o alargar cada momento; saber cuándo debíamos alargar una situación dramática o deshacernos de ella por completo. En la fase de montaje, Mares y yo fuimos muy rigurosos, siempre con la intención de mantener esa tensión latente.

 

 

Marcela es la protagonista, tiene un pie entre la culpa y el desconocimiento: ¿cómo fue el trabajo con la actriz para lograr esa interpretación compleja?

 

Giovanna Andrade es una gran actriz y llegó a los ensayos muy abierta a experimentar. Ella tiene mucha facilidad para expresar emociones, y ahí estuvo el reto: que esas emociones no se desborden, sino que se contengan y que se revelen de maneras sutiles, sobre todo a través de sus ojos. Gran parte del trabajo fue ayudarla a canalizar esa energía tan expresiva que tiene de manera natural, para que la interpretación se mantuviera en un estado de tensión interna constante.

 

Giovanna también es una persona muy cálida y abierta. La relación que ella generó con el resto del elenco y el equipo ayudó a que el espacio de trabajo se sintiera seguro, y eso le permitió trabajar con sus propias vulnerabilidades para darle más dimensión al personaje. Dentro de estas relaciones, fue importante la conexión de Giovanna con Amelia Yépez, quien interpreta a su hija Emilia. Esa conexión le dio mucha dimensión a la relación de Marcela y Emilia, haciendo que las situaciones que Marcela vivía en la película se carguen de emocionalidad.

 

 

La película aborda temas como la injusticia, el cinismo y crítica social: ¿cómo quiso que el público los sintiera sin explicarlos de forma directa?

 

Durante todo el proceso nos concentramos en explorar esta sociedad en la que vivimos, que está profundamente afectada por la división de clases. La idea no fue explicar nada de esto, sino mostrarlo desde la experiencia de los personajes y la tensión que los rodea. El objetivo es que el espectador se sienta dentro de un sistema roto y, a través del suspenso, se vea obligado a examinar su propio lugar en él.

 

 

¿Qué aportaron los lugares de rodaje a la identidad visual y emocional del filme?

 

La casa de Marcela fue la locación más importante de la película. Tenía que sentirse como un refugio, pero también como un encierro. Su gran patio espacio verde mostraba cierta opulencia en un mundo donde ese lujo es cada vez más escaso. El enorme portón y sus muros reflejan nuestra obsesión con la seguridad y el miedo que está tan presente en la sociedad retratada. Adermás, su arquitectura debía transmitir cierta obsesión con lo estético, un elemento importante del personaje de Marcela. El color rojo en la locación principal también va atado a una paleta personal del personaje.

 

En las locaciones abiertas, el agua y la lluvia refuerzan la sensación de algo que ahoga y desborda. Los espacios nocturnos y húmedos terminaron siendo casi un personaje, envolviendo escenas en ambientes de misterio y tensión.

 

 

¿Tuvo limitaciones presupuestarias? ¿Cómo las convirtió en ventajas creativas?

 

En nuestro cine, no existen películas sin limitaciones presupuestarias. Todas las películas se hacen con las uñas y con menos presupuesto de lo que deberían. Eso ha hecho que nuestros técnicos sean muy recursivos y que logren imágenes increíbles con recursos muy limitados.

 

Al dirigir, siempre hay que tener estas limitaciones en mente. Muchas veces se debe decidir a última hora qué escenas sobran y se deben eliminar, o cómo colocar la cámara para no gastar en fondos o en extras de forma innecesaria. Cuando esas decisiones se alinean con el mundo visual de la película, las limitaciones dejan de sentirse como obstáculos y terminan generando una puesta en escena más coherente con el mundo que propone la película, además de más rigurosa y específica.

 

 

¿Qué espera que el espectador se lleve después de ver Los Ahogados?

 

Sensaciones y conversaciones. Espero que el público se lleve ciertas sensaciones de los personajes y que se sumerja en el mundo que propone la película. Además, espero que los espectadores se lleven conversaciones a sus casas. La historia tiene múltiples capas que pueden generar distintas interpretaciones. Espero que la gente salga de las salas debatiendo sobre la película y descifrándola.

 

 

¿Cuál ha sido la reacción o comentario que ha recibido sobre la película?

 

Hasta el momento el público ha sido muy generoso con la película. Como la película estrenó hace pocos días, no tengo clara la concurrencia a salas, pero los comentarios me han llenado de alegría. Hay gente que me ha comentado que ha soñado con la película, lo cuál es lo mejor que me pueden decir, ya que la peli propone un mundo que es casi como un sueño o pesadilla. Muchas personas dicen que la película ha generado largas conversaciones y debates. Ese es el propósito de Los Ahogados; no morir en las salas, sino seguir viva con las personas que la ven.

 

 

¿Cuál otro proyecto tienen en mente y algún dato que pueda brindar?

 

Ahora mismo estoy en plena producción de mi siguiente película como director. Se llama NORMA y es mi primer largometraje de animación. La película está ambientada en la Ciudad de Panamá. Es un proyecto panameño-ecuatoriano que dirijo junto a mis socios V.Mares y Cat Caballero. La historia se adentra en el proceso de gentrificación que sufrió el Casco Antiguo de esa ciudad; todo desde el punto de vista de una mujer de setenta años de edad y su resilencia ante este hecho.

 

Es un guion al que le tengo muchísimo cariño; lo escribí junto a Mares y cada vez que lo leo me mueve mucho. La película es producida por Irina Caballero, por Abner Benaim (cineasta panameño cuya última película estuvo en el Shortlist de 15 películas pre-nominadas al Oscar para Mejor Película Internacional), por Sebastián Cordero y Simón Brauer.

 



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